
NO, el título no es una errata. No voy a hablar de las autonomías, tan de moda y tan asignatura pendiente de definir del todo en nuestro modelo político, sobre todo su aspecto financiero. Me quiero referir a la autonomía empresarial, la que se puede o no dar en una empresa local o sucursal o filial, en la cual el gran poder de decisión está fuera o simplemente lejos de la realidad del negocio. Es el caso de las multinacionales, aunque también se puede dar en grandes grupos nacionales, sobre todo diversificados en actividad.
Siempre hemos oído decir aquello de “Piensa global y actúa local”. Estas líneas son escritas para, modestamente, defender esta postura que tan buenos resultados ha dado durante décadas, y que está siendo amenazada y, en algunos casos, vapuleada, en los últimos años.
¿De dónde viene este vapuleo? Parece que ahora las nuevas tecnologías de la información y la comunicación tienden a favorecer centralizaciones de funciones. Muchos sistemas, ya no es que sean iguales en las diferentes filiales de una empresa multinacional, por todo el mundo, es que es un único sistema integrado. Bien, pues vale. No seré yo el que se oponga al progreso. Por ejemplo, que ya no hay que reportar la cuenta de resultados del mes o cómo van las ventas, sino que se ve “desde allí”. Claro, eso está muy bien. Y que esas tecnologías se usen para dar fluidez a los procesos, para mejorar los análisis, para la rapidez de decisiones, y para que éstas sean más eficientes. Hasta aquí perfecto, al igual que compartir unos valores de marca y una cultura empresarial.
El problema radica en que esto no está siendo, generalmente así, sino que se está confundiendo el tocino con la magnesia. Existe un movimiento generalizado, por lo que me cuenta mucha gente (también de otros sectores) de erradicación de la autonomía de decisión en el ámbito local, a costa de una supuesta centralización de decisiones con la excusa de que hoy todo se está volviendo similar y que no hay fronteras.
¡Qué gran error! Se confunde el medio (la información y su soporte) con la Calidad de la misma. Se piensa que por tener velozmente unos datos y compartirlos “on line” ya se pueden obtener con facilidad, sin rigor. Un ejemplo: como tengo medios para ver inmediatamente el precio de una referencia de un radiador, en 15 países, y compararlo, y hacer un mismo catálogo y tarifario, se creen que ya por eso pueden decidir desde dos mil kilómetros cuál es el precio en cada uno de esos países, cuando los mercados son diferentes, cuando a lo mejor en un país eres un simple iniciado y otro eres el líder, con el cambio en la táctica comercial que eso lleva consigo. Extrapolen este ejemplo a todo lo demás y acertarán. Porque una cosa es homogeneizar procesos y útiles de trabajo, y otra es creerse tan listos que se es capaz de decidir sin tener en cuenta las realidades locales.
Obviamente, hay materias donde es más fácil esa eliminación de la autonomía. Seamos realistas, ya no son los tiempos de tener un gran departamento contable en cada país, o de que cada uno haga sus catálogos, pero eso no implica ni mucho menos que los gestores locales deban convertirse en meros replicantes de sus dueños. Al tiempo, porque eso va a acabar con la capacidad de buena gestión, porque llegados a un punto podremos sustituirlos por robots o similares, o gente de menor nivel de competencias que sea, eso sí, más dócil (y más barata). Y lo pagarán los accionistas, porque los resultados se resentirán, lo cual a su vez será aprovechado como excusa para dar una vuelta más a la tuerca y dejar centros de producción rentables convertidos en meros solares.
En fin, que me da mucha pena ver a gente capaz “pidiendo permiso” para modificar el precio de un artículo porque hay una oferta de la competencia y se pretende reaccionar (claro, cuando te lo dan ya llegas tarde). Esto no es homogéneo claro, en algunas partes cuecen más habas que en otras.
¡Que vuelva la autonomía local para tomar decisiones en los negocios! O por lo menos conservar la que aún quede. Que ustedes lo pasen bien y que les dejen respirar e ir al baño sin pedir permiso.
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